La participación en la sociedad civil
está garantizada por lo menos a nivel teórico, no existen trabas legales que la
impidan, pero la realidad es muy diferente. Nuestra sociedad es, aún en la
actualidad, muy sexista en sus acciones y muy reacia a cambiar las actitudes
utilizando la excusa de la “tradición” para enmascarar el intento continuado de
perpetuar la exclusión de las mujeres de ámbitos económicos, políticos y sociales
tradicionalmente masculinos.
Puede haber una equiparación en cuanto a
indicadores presenciales, mujeres y hombres en los ámbitos sociales, políticos
y científicos lo cual es en sí mismo un punto importante de avance, sin
embargo, esto no necesariamente supone que hayamos redimensionado los
paradigmas.
Tenemos amplios ejemplos que nos indican
que se siguen reproduciendo los roles de género patriarcales, es más, a pesar
de la aparente tendencia a la igualdad, los roles de género siguen
construyéndose desde paradigmas androcéntricos con lo que estamos viviendo
situaciones en las que el rol social femenino asociado al ámbito laboral,
científico o político está basado en desempeño femenino del rol tradicional masculino,
sin tener en cuenta otros aspectos como el afecto, lo emocional, el cuidado…
que son vinculados con lo tradicionalmente femenino y por lo tanto débil y no
apto para el mundo laboral, político y social.
Hacemos apología de una participación
femenina no feminizada, pero a la vez necesitamos que se cubran las necesidades
sociales y familiares vinculadas al rol tradicional femenino. Esto hace que la ocupación
de las mujeres del espacio económico, político, científico y social haya
impactado significativamente en la vida pública y privada.
Necesitamos construir los roles de género
desde paradigmas antropocéntricos, lo que supone un cambio profundo y para ello
es necesario mejorar de forma real la participación igualitaria en todos los
ámbitos. Este cambio pasa por ser conscientes de cuál es nuestro punto de
partida y tener presentes hacia dónde caminamos.
Hacer presente nuestra realidad es duro
pero necesario. Hemos de saber que cualquier actuación que nos confronte asiduamente
con una realidad ocultada, suscita sentimientos de culpa que desembocan en una
reacción sutil de rechazo por parte de
las personas que son incitadas a tener en cuenta esos aspectos olvidados. Esto también
ocurre en el ámbito de la igualdad y es uno de los obstáculos a superar para
poder avanzar.
