lunes, 26 de febrero de 2018

PARTICIPACIÓN SOCIAL

La participación en la sociedad civil está garantizada por lo menos a nivel teórico, no existen trabas legales que la impidan, pero la realidad es muy diferente. Nuestra sociedad es, aún en la actualidad, muy sexista en sus acciones y muy reacia a cambiar las actitudes utilizando la excusa de la “tradición” para enmascarar el intento continuado de perpetuar la exclusión de las mujeres de ámbitos económicos, políticos y sociales tradicionalmente masculinos.
Puede haber una equiparación en cuanto a indicadores presenciales, mujeres y hombres en los ámbitos sociales, políticos y científicos lo cual es en sí mismo un punto importante de avance, sin embargo, esto no necesariamente supone que hayamos redimensionado los paradigmas.
Tenemos amplios ejemplos que nos indican que se siguen reproduciendo los roles de género patriarcales, es más, a pesar de la aparente tendencia a la igualdad, los roles de género siguen construyéndose desde paradigmas androcéntricos con lo que estamos viviendo situaciones en las que el rol social femenino asociado al ámbito laboral, científico o político está basado en desempeño femenino del rol tradicional masculino, sin tener en cuenta otros aspectos como el afecto, lo emocional, el cuidado… que son vinculados con lo tradicionalmente femenino y por lo tanto débil y no apto para el mundo laboral, político y social.
Hacemos apología de una participación femenina no feminizada, pero a la vez necesitamos que se cubran las necesidades sociales y familiares vinculadas al rol tradicional femenino. Esto hace que la ocupación de las mujeres del espacio económico, político, científico y social haya impactado significativamente en la vida pública y privada.
Necesitamos construir los roles de género desde paradigmas antropocéntricos, lo que supone un cambio profundo y para ello es necesario mejorar de forma real la participación igualitaria en todos los ámbitos. Este cambio pasa por ser conscientes de cuál es nuestro punto de partida y tener presentes hacia dónde caminamos.

Hacer presente nuestra realidad es duro pero necesario. Hemos de saber que cualquier actuación que nos confronte asiduamente con una realidad ocultada, suscita sentimientos de culpa que desembocan en una reacción sutil de rechazo  por parte de las personas que son incitadas a tener en cuenta esos aspectos olvidados. Esto también ocurre en el ámbito de la igualdad y es uno de los obstáculos a superar para poder avanzar.

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